viernes, 25 de febrero de 2011

Leyenda del lago titicaca

Hace mucho tiempo, el lago Titicaca era un valle fértil poblado de hombres que vivían felices y tranquilos.
Nada les faltaba; la tierra era rica y les procuraba todo lo que necesitaban. Sobre esta tierra no se conocía ni la muerte, ni el odio, ni la ambición. Los Apus, los dioses de las montañas, protegían a los seres humanos.
No les prohibieron más que una sola cosa: nadie debía subir a la cima de las montañas donde ardía el Fuego Sagrado.

Durante largo tiempo, los hombres no pensaron en infringir esta orden de los dioses. Pero el diablo, espíritu maligno condenado a vivir en la oscuridad, no soportaba ver a los hombres vivir tan tranquilamente en el valle.
Él se ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia.
Les pidió probar su coraje yendo a buscar el Fuego Sagrado a la cima de las montañas.

Entonces un buen día, al alba, los hombres comenzaron a escalar la cima de las montañas, pero a medio camino fueron sorprendidos por los Apus.
Éstos comprendieron que los hombres habían desobedecido y decidieron exterminarlos. Miles de pumas salieron de las cavernas y se devoraron a los hombres que suplicaban al diablo por ayuda. Pero éste permanecía insensible a sus súplicas.

Viendo eso, Inti, el dios del Sol, se puso a llorar. Sus lágrimas eran tan abundantes que en cuarenta días inundaron el valle.
Un hombre y una mujer solamente llegaron a salvarse sobre una barca de junco.
Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer no creían a sus ojos: bajo el cielo azul y puro, estaban en medio de un lago inmenso. En medio de esas aguas flotaban los pumas que estaban ahogados y transformados en estatuas de piedra.

Llamaron entonces al lago Titicaca, el lago de los pumas de piedra.


domingo, 6 de febrero de 2011

JESSICA FREUDENTHAL

Nació, de pura casualidad, en Madrid el 6 de junio de 1978. Es boliviana. Actualmente vive en la luna y desde allí contempla la ciudad ladrillo. Es glamorosa, en stereo y totalmente reciclable, hermosa como una botellla de cristal índigo llena de saliva. Dicen los gnomos del jardín que es orgiástica e insciplinada, intuitiva, mordaz y belicosa. Ha publicado hardware (Plural, 2004, Mención de Honor Premio Nacional de Poesía "Yolanda Bedregal") y Poemas Ocultos (Yerba Mala Cartonera, 2006).

Dirigió el único número de la revista armatestum literario el mostro. Colabora con diversas revistas literarias. Parte de su obra puede encontrarse en antologías de México, España, Perú, Estados Unidos y Alemania.



La Bella y la Bestia

De este cuento no hay mucho que contar.
No más que es puro cuento
y que yo soy bella
y tú un bestia.

Fin.

Poema curita

Tú no ves, con tus ojitos de botón,
que yo podría volarte la cabeza;
tú no escuchas,
con tus orejas de corcho,
la música que engendra mi saliva.

Tú no sientes,
con tu corazón de hormiga,
que mi corazón,
es de carne molida por tu culpa.

Y cada vez que me golpeas
ni te fijas
que los moretones
pintan un hermoso lienzo
en mi piel blanca
abandonada.

Y yo no entiendo,
como tú
con esos ojitos de botón,
tus orejas de corcho,
el corazón de licuadora
y tu lengua de alfiletero,
puedes tenerme así:

Empolvada y rota,
hecha jirones debajo de la cama,
con las piernas abiertas
y el vestido levantado,
la piel de porcelana y los labios de papel,
toda enamorada
chorreándome
las ganas en las bragas.

Y yo no entiendo por qué admito
que me tengas así,
si yo podría volarte la cabeza....


Sophokleis

Hay que ser glamoroso
pero sin caer en la extravagancia obvia.
Hay que tener un peinado a go-go,
un piercing y un tatoo.
Hay que ser punky,
glam, rocker hippie,
raver y darketo.

Pero ante todo
hay que ser fashion.
Hay que tener un novio que piense
que la palabra “monogamia” es el nombre
de una comida japonesa.

Hay que oír música de elevador o de supermercado,
Pop desechable, enlatado,
easy listening digerido y masticado.

Pero ante todo hay que taparse los oídos.

Hay que ser culto,
Intelectualoide de café,
periódico y cigarro.

Pero ante todo hay que leer a Paolo Coehlo.


Polillas

Montes
ahora
pasajes invadidospor piratas.

Estanterías de la nostalgia,
del serrucho
y el más crudo olvido.

Marina apolillada
observa al graffiti
retorcerse en la pared

y yo
juego a perseguir a Faulkner
y a no hallarlo,
es pues intruso en el polvo.

-En este polvo-

Me invade
esa nostalgia,
la ridícula pose de poeta
en busca de la palabra que cierre
mi boca, la tuya,
la del abismo.

Esta nostalgia
pretendida
de calles que nombran nada,
la ciudad vacía,
la palabra que encalla
permanece inmóvil
olvido
colgando en la pared.


Princesas Disney

La Sirenita

La pecera tiene rajaduras.
Gotea.
Soy la niña gotera.

Ni pies ni cola de pez.
Tampoco ciempiés.

Yo soy, aquí estoy: sin mar y sin botas.

Los anzuelos flotan alrededor
junto a las luces de neón, las hamburguesas
y los cigarrillos húmedos.

Lo he mordido. He picado.

Tengo los labios agujereados
Por todos tus besos de plástico.

No puedo alcanzar la superficie
y todos los barcos han partido atormentados.

Tu no eres ni mitad príncipe,
ni tierra firme, ni isla desierta.

Yo no soy ni mitad pez, ni mitad hembra.

Yo soy sólo espuma
en la boca de una epiléptica
convulsionándose.


La Caperucita Roja
Consagraron mi vida
injustamente
a una canastilla.

Consagraron mis entrañas
a una caperuza
a un disfraz de niña.

Consagraron mi vida
injustamente
a un cuento sin final.

Jamás creceré.
Jamás conoceré las delicias de la carne.
Nunca regresaré con mi madre.

Me habré quedado con la idea
de que el mundo es un lobo hambriento.

¿Porqué la vida es tan dura?
Para dolerte mejor.

Quise vivir, pobrecita.
Quise crecer.
Quise creer.

Pero consagraron mi vida a las mentiras.




http://www.mariposamundial.blogspot.com/


PAMELA ROMANO

Pamela Romano alias Ana Morfosis
La Paz, Bolivia 1985.
paceña, portoalegrense, escritora, neoboluda, seudovisualista, tejedora, aracnofóbica, desmemoriada, fumadora, miramenometoques, pianista frustrada, hualaycha, nostálgica, apasionada, metafóricamente siamesa, hija única, curiosa, bebedora de cerveza barata.

Poemas
Luisa II


Pensemos, si no, un solo momento, en esos tigres que revolotean
en su jaulita colgada del muro, junto al geranio.
S. Sarduy


el empeño de la luz en cada cosa: los restos juegan a hacer la sombra / y eso es todo

cuando necesariamente haya que esforzarse por librarte de mí: los gusanos
que se arrastran guardados en una pequeña caja en medio de otras tantas cajas
o eso hermético y conexo —Espaliú en “Luisa II”— justamente cuando dijiste
la palabra prolongada en la u (lo último): jaula / esto es una jaula
entiendo
basta mi mano para tal caso y —recapacito— tendrá que haber algo —algo—
de placer en la obra manca cuando sólo quede la pluma gris (tuya)/ el odio a las palomas entonces no habrá sido en vano: se justifica cada vuelo o verso frustrado y sus piojos
a veces la repartición de migajas que dábamos a ojos cerrados para que nos aturdan más
y finalmente se vayan cuando empiece a oscurecer / en ese banco de plaza obsoleta

(siempre regreso) quizás quede el escombro de tu escombro
—recogerlo / sus piojos

o un cartón con qué cubrirse



razones del pelo largo y suelto


por lo demás
se rastrean migajas en la mesa después de la cena:
hubo
buen apetito y postre —y no es por nada y no es
suficiente: que te vayas prevenido te digo / esa señora
ha sacado de las mechas a su hija después del berrinche
el performance de la noche —grandioso— indicio del fin
en este local que cerrarán pronto / y yo no sé nada / no me importa

pagar esa fabulosa cuenta después de los cubiertos recogidos
a manera de señal (posiblemente
ahora los enjuagan y no hay mayor problema: cita apenas —el que refriega
a Clarke: spoon and fork):
es que afuera no hay nadie
que pague ni siquiera por un dulce / y saber que después de todo
tuvo algo lo nuestro en el rincón de esta mesa: escribir como si se jalara
hasta dar con la calvicie cuando se es la madre y la hija (mal parida)
a la vez
muy mal parida
a carbón o a pluma o a tiza se es a la vez —pataleando: interesante

espectáculo que siempre resulta eficaz para salir airosos
digamos satisfechos —escribiendo o ese berrinche— sin pagar ni un centavo:
aquel proverbio tropical muy sabio que decía (música de fondo): si del cielo

caen limones _______________ aprende a hacer limonada
un regalo pérfido que no deja de ser —añado discretamente a tu oreja

http://lamusca.blogspot.com/

Museo de Arte abre exposición en homenaje al artista Arturo Borda


SU OBRA “LOS PADRES” SE CONSTITUYE EN UN EJEMPLO EXTRAORDINARIO DE LA ELABORACIÓN POÉTICA Y DEL RETRATO MODERNISTA.

• Parte de las piezas que serán exhibidas fueron donadas por la familia francesa Servant. Dichas obras retornan al país después de más de 40 años.

El Museo Nacional de Arte, en Homenaje al Bicentenario de nuestra ciudad, inaugurará mañana la muestra “Borda – El ajayu de Chuquiyawu Marka”, compuesta por las piezas donadas por la familia Servant y obras de colecciones públicas y privadas, a partir de las 19.00 horas en el Patio de Cristal del mismo centro cultural.

Recordemos que gracias a gestiones realizadas por la actual Dirección del Museo Nacional de Arte, y el apoyo de nuestra Embajada en Francia, se consiguió la donación de dos cuadros y una treintena de dibujos del artista nacional Arturo Borda.

En este contexto, nuestra embajadora en Francia, Luzmila Carpio, en comunicación oficial remitida al Museo Nacional de Arte, dio a conocer que el pasado mes de abril la familia francesa Servant, realizó la entrega de las obras a nuestra representación diplomática, para su posterior traslado a nuestro país.

“La familia Servant, de nacionalidad francesa, con gran desprendimiento, amistad y cariño que siente por Bolivia, decidió donar las obras: ‘Dialogo de cronos con la muerte’ y ‘Diana Cazadora’; más una treintena de dibujos preparatorios y apuntes de obras capitales de la producción de Borda, como el ‘Triunfo del Arte’, entre otros”, señaló la diplomática.

http://www.eldiario.net/noticias/2009/2009_07/nt090729/6_01clt.php


Fragmento de El Loco

Cuando mi madre sintió que vivía yo en su seno ¿tuvo miedo o vergüenza y acaso tembló? Entonces, tal vez sin saber, quizá premeditadamente o contra su voluntad, por imposición de mi padre, o sin que el sepa, se tragó el abortivo y, no obstante he nacido yo? Esto no podía ser: yo era una afrenta, una delación. ¡Dios sabe de qué crimen que era fuerza ocultarlo: incesto, sacrilegio, violación, en fin, ¿quién sabe qué?, por cuya causa mi existencia no podía ser! Mi muerte estaba, pues, decretada. Pero nací. Y al instante, cual si fuera una ascua incendiaria o un vómito maldito, me arrojaron al arroyo, quizá al anochecer, tal vez a la aurora? No sé. Y estuve así a la intemperie, desnudo, sin nombre, agonizando, cuando a la mañana viene una chancha preñada, hozando en el lodo hasta que me mira y se me viene satisfecha, y, hocicándome de pies a cabeza, me revuelca en el muladar, buscando dónde hincarme sus colmillos; pero en eso una mujer del pueblo que oportunamente ve el horror que esta por consumarse, corre, espanta a la bestia y me salva para mi mal. Después me lleva a la inclusa , de donde más tarde un viejo me toma a su cargo, para, pasado algún tiempo, echarme de su casa, enrostrándome mi origen. Pasa el tiempo y descubro en mí el indeleble estigma del abortivo. Mi existencia se vuelve un tormento sin tregua...
(Fragmento de El Loco, La Paz, 1918)

http://vivirdebuenagana.blogspot.com/2009/01/arturo-borda.html

¿Quién fue Arturo Borda?

El alcohólico bohemio y autodestructivo que deambulaba por las calles de La Paz con una cebolla en el ojal importunando a las colegialas o el artista genial  ignorado por la sociedad que revolucionó la pintura y la literatura bolivianas.

Desde su muerte, en 1953, ante la ausencia de estudios sistemáticos o de una biografía relativamente documentada, una serie de mitos se ha tejido y repetido en torno a él. Esas historias, muy frecuentemente anecdóticas, están hechas de datos ciertos, medias verdades y sucesos imaginarios, de buenas voluntades o
malas intenciones, de equívocos y deseos. Paralelamente, el conocimiento y el reconocimiento de su obra, tanto la pictórica como la literaria, ha sido a lo largo de ese tiempo un proceso intermitente marcado por súbitos entusiasmos y largos olvidos.

El libro Arturo Borda. Historia desconocida de un artista boliviano (2010) del historiador Ronald Roa Balderrama, producto de una larga y minuciosa investiga
ción, echa luces sobre la vida y la obra del artista paceño nacido en 1883.

Borda no fue, por ejemplo, un ‘marginal’ sino miembro de una familia que participó en los círculos sociales y de poder de su época. En las tres primeras décadas del siglo XX, las de mayor intensidad en su vida intelectual y artística, fue un pintor reconocido que exponía en los salones del Círculo de Bellas Artes y sus ideas se difundían en los principales periódicos de La Paz. El artista, contrariamente a lo que se ha afirmado, no mantuvo en reserva ni rechazó la publicación de su obra literaria, el voluminoso e inclasificable libro titulado El loco; por el contrario, se empeñó más de una vez en que viera la luz. Su activismo político no se limitó a la organización de los primeros sindicatos obreros de corte anarquista; se prolongó de manera comprometida durante el gobierno de Hernando Siles con una visión más bien nacionalista. No murió, en fin, en el abandono y la miseria. Su entierro, ‘de primera clase’ se pagó con un cuadro suyo adquirido por el Estado boliviano.

El libro de Roa Balderrama fue editado por el Museo Nacional de Arte y la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. En su origen, es una tesis académica de más de 400 páginas con la que el autor se licenció de la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés. El libro recoge una parte de ese voluminoso trabajo. A pocos meses de su publicación y sin haber presentado su libro en La Paz, a sus 55 años, Roa Balderrama murió, el 9 de agosto de2010, en Santa Cruz de la Sierra, ciudad donde residía.

Aunque el autor reconoce que no hay condiciones para la elaboración de un catálogo exhaustivo de la obra pictórica de Borda (muchos cuadros se perdieron y otros tantos están dispersos), documenta con mucho detalle sus exposiciones, especialmente las primeras, que fueron bien recibidas y dan cuenta de su gran
productividad: en 1915 expuso 30 lienzos; en 1917, 240 pinturas; en 1919, en Buenos Aires, 78 obras.

Otro aspecto sobre el cual la investigación de Roa aporta información documentada es la accidentada historia de la escritura y publicación de El loco. La obra habría sido escrita entre 1902 y 1925. Ese año, Borda propuso su publicación al Concejo de La Paz “en concepto de contribución personal al porvenir de la República en su primer centenario”. En ese momento El loco tenía 1.414 páginas divididas en cuatro tomos. En 1932, durante la Guerra del Chaco, ofreció su obra al Centro de Propaganda y Defensa Nacional como un  aporte destinado a recaudar fondos para el esfuerzo bélico. Para entonces su libro tenía ocho
tomos de 300 páginas cada uno. En 1937, Borda obsequió los originales de El loco a su sobrino Luis Alarcón Borda como regalo de bodas. Esa versión del libro ha desaparecido. Según los datos de Roa, en los años 40 Borda volvió a escribir El loco, y es esa segunda versión la que se publicó en tres tomos en
1966.

El activismo político y sindical de Borda también está ampliamente documentado en el libro de Roa. Lo mismo sucede con otras facetas de su vida, como su participación en el naciente cine boliviano en la década de los 30, que no limita a su actuación en Wara Wara, o su relación con Gesta Bárbara, la agrupación
 de la que formaron parte, entre otros, Gamaliel Churata y Carlos Medinaceli.

Arturo Borda. Historia desconocida de un artista boliviano aporta, sobre todo, información y documentación que puede permitir una aproximación más objetiva y menos especulativa a la vida y la obra del artista.

Borda, un célebre desconocido

Arturo Borda nació en La Paz el 14 de octubre de 1883. Murió, en la misma ciudad, tras haber ingerido accidentalmente ácido muriático el 17 de junio de 1953.

Después de su muerte, su obra cayó en el olvido. En 1966, el crítico norteamericano John Canaday escribió en el New York Times un elogioso artículo sobre un cuadro suyo. Este hecho determinó el inmediato interés nacional en su obra. Ese mismo año se organizó una muestra de su pintura y la Alcaldía de La Paz
publicó los tres tomos de su obra El loco.    



¿Quién fue Arturo Borda?


El alcohólico bohemio y autodestructivo que deambulaba por las calles de La Paz con una cebolla en el ojal importunando a las colegialas o el artista genial
ignorado por la sociedad que revolucionó la pintura y la literatura bolivianas. ¿Quién fue Arturo Borda?

Desde su muerte, en 1953, ante la ausencia de estudios sistemáticos o de una biografía relativamente documentada, una serie de mitos se ha tejido y repetido
en torno a él. Esas historias, muy frecuentemente anecdóticas, están hechas de datos ciertos, medias verdades y sucesos imaginarios, de buenas voluntades o
malas intenciones, de equívocos y deseos. Paralelamente, el conocimiento y el reconocimiento de su obra, tanto la pictórica como la literaria, ha sido a lo
largo de ese tiempo un proceso intermitente marcado por súbitos entusiasmos y largos olvidos.

El libro Arturo Borda. Historia desconocida de un artista boliviano (2010) del historiador Ronald Roa Balderrama, producto de una larga y minuciosa investiga
ción, echa luces sobre la vida y la obra del artista paceño nacido en 1883.

Borda no fue, por ejemplo, un ‘marginal’ sino miembro de una familia que participó en los círculos sociales y de poder de su época. En las tres primeras
décadas del siglo XX, las de mayor intensidad en su vida intelectual y artística, fue un pintor reconocido que exponía en los salones del Círculo de Bellas
Artes y sus ideas se difundían en los principales periódicos de La Paz. El artista, contrariamente a lo que se ha afirmado, no mantuvo en reserva ni rechazó
 la publicación de su obra literaria, el voluminoso e inclasificable libro titulado El loco; por el contrario, se empeñó más de una vez en que viera la luz. Su activismo político no se limitó a la organización de los primeros sindicatos obreros de corte anarquista; se prolongó de manera comprometida durante el gobierno de Hernando Siles con una visión más bien nacionalista. No murió, en fin, en el abandono y la miseria. Su entierro, ‘de primera clase’ se pagó con un cuadro suyo adquirido por el Estado boliviano.

El libro de Roa Balderrama fue editado por el Museo Nacional de Arte y la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. En su origen, es una tesis
académica de más de 400 páginas con la que el autor se licenció de la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés. El libro recoge una parte
de ese voluminoso trabajo. A pocos meses de su publicación y sin haber presentado su libro en La Paz, a sus 55 años, Roa Balderrama murió, el 9 de agosto de
 2010, en Santa Cruz de la Sierra, ciudad donde residía.

Aunque el autor reconoce que no hay condiciones para la elaboración de un catálogo exhaustivo de la obra pictórica de Borda (muchos cuadros se perdieron y
otros tantos están dispersos), documenta con mucho detalle sus exposiciones, especialmente las primeras, que fueron bien recibidas y dan cuenta de su gran
productividad: en 1915 expuso 30 lienzos; en 1917, 240 pinturas; en 1919, en Buenos Aires, 78 obras.

Otro aspecto sobre el cual la investigación de Roa aporta información documentada es la accidentada historia de la escritura y publicación de El loco. La
obra habría sido escrita entre 1902 y 1925. Ese año, Borda propuso su publicación al Concejo de La Paz “en concepto de contribución personal al porvenir de
la República en su primer centenario”. En ese momento El loco tenía 1.414 páginas divididas en cuatro tomos. En 1932, durante la Guerra del Chaco, ofreció
su obra al Centro de Propaganda y Defensa Nacional como un  aporte destinado a recaudar fondos para el esfuerzo bélico. Para entonces su libro tenía ocho
tomos de 300 páginas cada uno. En 1937, Borda obsequió los originales de El loco a su sobrino Luis Alarcón Borda como regalo de bodas. Esa versión del
libro ha desaparecido. Según los datos de Roa, en los años 40 Borda volvió a escribir El loco, y es esa segunda versión la que se publicó en tres tomos en
1966.

El activismo político y sindical de Borda también está ampliamente documentado en el libro de Roa. Lo mismo sucede con otras facetas de su vida, como su
participación en el naciente cine boliviano en la década de los 30, que no limita a su actuación en Wara Wara, o su relación con Gesta Bárbara, la agrupación
 de la que formaron parte, entre otros, Gamaliel Churata y Carlos Medinaceli.

Arturo Borda. Historia desconocida de un artista boliviano aporta, sobre todo, información y documentación que puede permitir una aproximación más objetiva
y menos especulativa a la vida y la obra del artista.

Borda, un célebre desconocido

Arturo Borda nació en La Paz el 14 de octubre de 1883. Murió, en la misma ciudad, tras haber ingerido accidentalmente ácido muriático el 17 de junio de 1953.
 Después de su muerte, su obra cayó en el olvido. En 1966, el crítico norteamericano John Canaday escribió en el New York Times un elogioso artículo sobre
un cuadro suyo. Este hecho determinó el inmediato interés nacional en su obra. Ese mismo año se organizó una muestra de su pintura y la Alcaldía de La Paz
publicó los tres tomos de su obra El loco.